Hay lugares a los que te acostumbraste… pero no fuiste diseñado para vivir ahí.
Ambientes, pensamientos y ciclos que atan, desgastan y frenan tu vida espiritual. No siempre se ven como cadenas, pero limitan, oprimen y roban tu libertad.
Dios ya hizo su parte. Ahora te llama a salir, a moverte y a posicionarte en lo que Él ya te entregó.
La pregunta es: ¿qué territorio sigues habitando que Dios ya te pidió dejar?