
Muy al Día El placebo ¿cómo funciona en nuestro cerebro y cuerpo?
Aug 23, 2022
05:19
Cuando los aliados luchaban por liberar Europa del dominio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, la demanda de morfina en los hospitales de campaña era muy grande, y escaseaba cuando en los enfrentamientos se producían muchas bajas. A veces incluso había que operar sin anestesia.
En una de esas ocasiones, Henry K. Beecher, un anestesista estadounidense, se disponía a operar sin morfina a un soldado que tenía unas heridas muy graves. Entonces sucedió algo increíble: una de las enfermeras le inyectó una solución salina y, para sorpresa de Beecher, el soldado se tranquilizó de inmediato. No solo no sintió casi dolor durante la operación, sino que tampoco tuvo ningún problema cardiovascular. Al parecer, el agua salada era un potente anestésico.
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Locución, producción y diseño sonoro: Iván Patxi Gómez Gallego
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