Revisas el celular sin darte cuenta. Lo tomas por segundos… y pierdes minutos, horas, atención, enfoque.
No es solo un hábito, es una dependencia silenciosa que está robando tiempo, propósito y conexión con Dios.
Lo que más alimentas… es lo que termina dominándote.
La pregunta es: ¿estás usando tu celular… o tu celular te está usando a ti?