Lo escribió Santa Teresa (primera mención) en algún momento incierto entre 1562 y 1565, pero bien podríamos haberlo escrito nosotras en 2025: "según lo que he pasado en verme escrita y traer a la memoria tantas miserias mías". Perplejas de que nuestra Instrucción de novicias lleve ya dos meses aposentada en vuestras mesillas de noche, maltratada en vuestras mochilas, sudada en vuestras bolsas del gimnasio, manchurreada en vuestras encimeras... nos vemos arrolladas por una barahúnda de emociones y nos lanzamos a rebuscar en nuestros discos duros, nuestras bandejas de entrada, nuestras galerías de fotos para trazar una genealogía absolutamente desquiciada de nuestro rinconcito terapéutico. Los primeros episodios en los que parecíamos dos modelos de cautela académica en el congreso anual de la Renaissance Society of America, el batiburrillo de esquizofrenia intelectual en el que nos sumieron los años de doctorado, un largo ratito de audiolibro aterciopelado, una lectura salvajemente impúdica de nuestros primeros correos electrónicos, una cariñosísima mención a María de Zayas y otra a la persona que nos mandó a dormir en una conocida fiesta de lesbianas para no llegar resacosas a la presentación con Eudald Espluga. En fin, amigas, nuestro episodio más sonrojante y caótico hasta la fecha: bienvenidas a los secret files de Instrucción de novicias. Si no puedes vivir ni un segundo más sin saber cuál de nosotras sintió celos pasajeros de la otra en una discoteca madrileña hace veinte años, dale corriendo a play.